Ahora podemos medir con muchísima mayor precisión el fenómeno que unos pescadores peruanos observaron hace siglos.
Navidad… Navidad…
Era diciembre. El mar subía, el agua se calentaba y los peces migraban.
A ellos poco les importaba si el nivel del mar aumentaba o si la temperatura del agua cambiaba.
Lo realmente preocupante era que ya no había peces.
Y, para rematar, aquel fenómeno ocurría justamente en la época de la celebración del Niño Jesús.
Hoy contamos con redes de boyas que miden la temperatura del océano, satélites que registran con enorme precisión el nivel del mar y modelos climáticos capaces de simular el comportamiento de la atmósfera y del océano.
¿Qué nos explica la ciencia?
Que cuando el océano comienza a calentarse, el afloramiento de aguas profundas ricas en nutrientes se debilita.
Al disminuir ese aporte de nutrientes, toda la cadena alimenticia empieza a resentirse.
El alimento escasea, los peces migran y las redes regresan vacías.
Pero bueno… Eso ya es historia.
¿Debemos Preocuparnos?
Sí. Y mucho.
Y aquellos creyentes, por favor, eleven toda súplica y ruego al Altísimo, porque este Niño llega más fuerte, más rápido y más furioso.
Y no es que este Niño sea malo.
Es que primero hemos sido malos nosotros.
Niño 17 ProMax
Es un Niño… mejor dicho, un Niño 17 ProMax.
Y es que las condiciones son diferentes. El Niño calienta el océano, pero el océano ya está caliente.
No hay mucho más que decir.
Si se cumplen las condiciones que hoy proyectan los principales modelos climáticos —y, por cierto, las probabilidades son altas— podríamos estar frente a uno de los eventos de El Niño más intensos de las últimas décadas.
Solo nos queda esperar
La quema de combustibles fósiles —carbón, petróleo y gas natural— ha calentado el planeta y los océanos.
El Niño no es consecuencia del cambio climático; ha existido desde mucho antes. Pero esta vez llega sobre un océano que ya almacena más calor que hace cincuenta años. Esa es la diferencia.
Esperemos que ese Niño… No el del fenómeno. Sino el que se celebraba en aquellas vísperas navideñas cuando unos pescadores decidieron darle este nombre… Nos ayude.
«Así como, en los Evangelios, calmó las aguas, ojalá también logre calmar este Niño que viene con la furia de un muchacho malcriado al que le han quitado sus juguetes.»
Edición Digital #003
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